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Orígenes e Historia de una Danza con Raíces Coloniales
La Danza de los Diablicos de Jayanca, al igual que otras similares en la costa norte peruana (como la de Túcume y Ferreñafe, registradas por Enrique Brüning), tiene sus raíces en la época colonial. Se postula que fue una estrategia de evangelización por parte de los misioneros españoles. Al dramatizar la confrontación entre figuras demoníacas y celestiales, se buscaba inculcar los principios de la fe católica y el triunfo del cristianismo sobre las creencias ancestrales andinas o «paganismo».
Las referencias más antiguas sobre la existencia de la tradición en Jayanca han sido transmitidas por cronistas como Miguel Cabello Balboa en sus “Misceláneas Australes”, situando a esta danza en un contexto histórico de sincretismo cultural y religioso que ha perdurado a través de los siglos.
Significado y Simbolismo: La Dualidad en Escena
El núcleo simbólico de la Danza de los Diablicos es la representación de la eterna lucha entre el bien y el mal. Los «Diablicos», con sus máscaras imponentes y gestos cómicos o amenazantes, encarnan los vicios y las tentaciones humanas (en algunas variantes se habla de los «siete vicios»). Su derrota final a manos de una figura angelical o la intervención de la Virgen simboliza el triunfo de la fe, la redención y la purificación.
Esta dualidad no solo es religiosa, sino que también refleja la complejidad de la identidad mestiza, donde lo indígena y lo hispano coexisten y se reinterpretan continuamente.
Características de la Danza: Movimiento, Música y Devoción
La Danza de los Diablicos de Jayanca es ejecutada tradicionalmente por grupos de hombres, cuyo número puede variar desde 12 hasta 40. Los danzantes, con el rostro y las manos pintadas de negro, bailan al ritmo contundente de un tambor grande, acompañando sus pasos con gritos y gestos que combinan lo teatral y lo cómico.
La danza se integra profundamente en las festividades religiosas del distrito, siendo una de las principales atracciones durante la Nochebuena (24 de diciembre) y la Fiesta de Reyes (6 de enero), en honor al Niño Jesús. Su participación es un acto de devoción y agradecimiento, un complemento a otras representaciones navideñas como las de serranitas y pastoras.
Vestimenta: Máscaras, Colores y Espejos
La indumentaria de los Diablicos es uno de sus elementos más distintivos y llamativos:
- Máscaras: Son el rasgo más icónico. Elaboradas con cartón prensado y técnicas de repujado, suelen tener detalles en los ojos y mejillas. A menudo incorporan elementos como el sol y la luna (dioses lambayecanos ancestrales) y cuernos de venado. Los colores varían, siendo el negro predominante para los adultos y máscaras multicolores para los danzantes más jóvenes.
- Pechera y Capa: Una pechera (pieza que cubre el pecho) y una larga capa de tela brillante, generalmente negra, que cubre la espalda. Ambas están profusamente adornadas con lentejuelas, pequeños espejos (que simbolizan el alma y la reflexión), y lazos de seda de colores.
- Pantalones: Suelen ser de color negro, también de tela brillante, y adornados con cascabeles o lentejuelas que añaden sonoridad al movimiento de los danzantes.
- Pintura Corporal: El rostro y las manos de los danzantes se pintan de negro, intensificando la caracterización de los personajes diabólicos.
- Colores Representativos: Los colores rojo, amarillo y negro son recurrentes en la vestimenta, cada uno con su propio simbolismo dentro de la tradición.
La Danza de los Diablicos: Patrimonio Vivo
Aunque la Danza de los Diablicos de Jayanca no cuenta con una declaratoria individual de Patrimonio Cultural de la Nación (como sí la tiene la de Túcume, por ejemplo), forma parte del rico acervo cultural de Lambayeque. Su continuidad a lo largo de los siglos es testimonio de la profunda conexión que las comunidades locales mantienen con sus tradiciones y festividades religiosas.
Es una manifestación que atrae a visitantes por su originalidad y el fervor con el que es interpretada, constituyéndose en un valioso atractivo para el turismo cultural en el norte de Perú.
La Danza de los Diablicos de Jayanca es, en esencia, un vínculo con el pasado, una expresión de fe en el presente y una promesa de continuidad para el futuro cultural de la «Tierra del Vino» y de todo el Perú.
