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Tarata

La Provincia de Tarata es una de las 4 provincias que conforman el departamento de Tacna, al sureste de Perú, bajo la administración del Gobierno Regional de Tacna. Limita al norte con la Provincia de Candarave y la Provincia de El Collao (Departamento de Puno), al este con Bolivia, al sur y al oeste con la Provincia de Tacna.

Historia

Tarata posee una historia legendaria y llena de patriotismos. A continuación una reseña de la historia y como ha surgido este pueblo maravilloso.

Prehistoria

La prehistoria de Tarata se hunde en la oscuridad de los tiempos. Los trabajos del arqueólogo Ravines en la cueva de Karu, muestran un muy temprano poblamiento de Tarata, hacia el 7000 a.c., es decir hace más o menos 9000 años. El estudio del desarrollo cultural regional a lo largo del tiempo es una tarea que la Arqueología tiene aún por desarrollar.

No es mucho lo que se conoce del pasado remoto de Tarata. El arqueólogo Ravines halló un asentamiento del Arcaico en el sitio de Kano, en las alturas del distrito de Tarata, no muy lejos de su actual ciudad. Destacan en la provincia de Tarata, para este remoto período los petroglifos y las pinturas rupestres.

Aparicion de tiyawanaku

Ya durante nuestra era, la región de Tarata y la de Tacna en general, pasó a la órbita de influencia de la cultura altiplánica de Tiyawanaku, que tuvo su centro al Este del lago Titiqaqa, a corta distancia de la actual frontera peruano-boliviana y que desbordó su área nuclear, para irrumpir en diversos territorios adyacentes de diverso clima y características geográficas y que la podían surtir a través de colonias instaladas ad-hoc, de los recursos propios de dichos territorios. Se conocen algunos posibles sitios que pueden ser representativos de éste Período.

La llegada de los aymara

A la caída de Tiyawanaku, a principios del segundo milenio de nuestra era, hace su irrupción en Tarata, un pueblo de habla aymara que habitaba las riberas sur-occidentales del lago Titiqaqa y que tendría enorme y definitivo impacto sobre la provincia de Tarata, se trata de los Lupaqa. Ellos eran uno de los más prestigiosos pueblos de la nación aymara y a ellos cupo en suerte, la anexión de este nuevo territorio. A su llegada, los aymara encontraron al territorio ya ocupado y sojuzgaron a la población autóctona, sometiendo a esta población local a un proceso de “aymarización”, que llevó a la desaparición del idioma precedente y de la propia identidad étnica de dicha población, la cual, durante la Colonia terminó por fundirse en el pueblo aymara. Prueba irrefutable de la presencia aymara prehispánica, la constituye la presencia de chullpas o mausoleos de barro, estructuras típicas de la cultura aymara, que se hallan construidas con barro de diversos colores o pintadas con colores.

La llegada de los incas

A mediados del siglo XV, llegan los inca y conquistan la región sometiendo a los aymara y a los pobladores primigenios del valle, a quienes ellos denominaron: “Yunka”, que en idioma quechua significa: “valle, valluno o habitante de valle”. Anexando así, lo que hoy es la provincia de Tarata al Imperio. Los inca organizaron territorialmente a los vencidos y prueba de ello es que hasta el día de hoy, existe una organización de riego llamada Lupaqa (al Sur del río Chakawira) y otra llamada “Yunka” (al Norte del río Chakawira). Este dominio inca fue fugaz y no alcanzó al siglo. A la caída del Tawantinsuyo, los aymara recuperaron su libertad y sometieron nuevamente a los Yunka, absorbiéndolos racial y culturalmente con el tiempo.

La llegada de los incas a Tarata produjo un reordenamiento del poder, pasando los Lupaqas, que hasta entonces habían detentado el poder, a ser súbditos del Imperio junto a los primitivos pobladores del valle denominados Yunka, que hasta entonces ellos habían sojuzgado. Tarata, durante el Tawantinsuyu, se halló ubicada políticamente en una provincia que la historiadora Rostworowski llama “Kolisuyu” y que iba desde Camaná, en la costa sur de Arequipa, hasta el Norte de la región de Atakama, en el actual Chile. Esta provincia Kolisuyu, se hallaba a su vez inserta dentro de la gran macro-provincia inca llamada Kuntisuyu, ubicada al Suroeste de la ciudad del Cusco.

Los incas dejaron diversas e importantes huellas de su paso. En primer lugar, sus asentamientos, numerosos en diversos lugares de la provincia de Tarata, ubicados en diversos pisos altitudinales de la misma. Uno de ellos, llamado Sta. María, ubicado a corta distancia del camino inca Tarata – Tikako, frente a la ciudad de Tarata, pudo haber sido un Tambo Inca asociado al Qhapaq Ñan o camino real. Luego está el camino inca en sí, que es una de las huellas claras e incontrovertibles del paso de los incas por la región. Camino que comunica los diversos pisos ecológicos existentes y también los diversos puntos cardinales, en una red intrincada de caminos principales y menores, que fueron transitados por la población tarateña hasta bien entrado el siglo XX, hasta el advenimiento de la carretera afirmada. Aun hoy en día, existen lugares alejados donde el camino inca constituye la única vía practicable. En otros lugares, el camino inca se usa hasta cierto tramo, en la medida que conduzca a los campos de cultivo y más allá de ellos, se le ha abandonado definitivamente. El camino suele ser amplio y plano ahí, donde esto es posible. No obstante, la dura geografía tarateña lo obliga a hacer uso del zig-zag para el descenso o ascenso de laderas empinadas y el uso de puentes para cruzar los cursos de agua. El camino inca de Tarata fue un medio importante de control y comunicación para los incas e integró a Tarata de manera efectiva al Imperio, facilitando el rápido tránsito de personas y productos en una y otra dirección. Tarata se caracteriza por su producción maicera y papera, lo que la debió haber hecho especialmente importante como centro productor de alimentos para la cercana meseta altiplánica, donde los incas tenían grandes asentamientos. El maíz fue especialmente importante para los incas y para la generalidad de los pueblos indígenas peruanos, pues de él no sólo consumían el grano, sino que elaboraban su bebida nacional la “aqha” (nombre de la chicha de los qechuwa) o la Kusa (nombre de la chicha en aymara). Zonas de este tipo eran especialmente valoradas por el Estado Inca.

La reincorporación a la patria

La entrega de Tarata al Perú, se celebró durante el gobierno del presidente don Augusto B. Leguía, el día 1 de setiembre de 1925. Representó al Perú, en aquella ocasión, don Manuel de Freyre Santander. La población tarateña, jubilosa, vio la ceremonia y el izamiento del pabellón nacional, al son de las marchas, que interpretaba la banda de música del regimiento Húsares de Junín, que desfiló alrededor de la plaza de armas.

La fiesta del 1 de setiembre se transformó desde entonces, en la fiesta civil más importante para Tarata. Se celebra con devoción, pero donde se aprecia un respeto indescriptible, es en la parte alto-andina de Tarata, donde la población brinda ritualmente con la Ch’alla en honor a la bandera peruana, realizándole Wilanchas en la que le sacrifican ganado.