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Corredor Noreste del Lago Titicaca

Comprende las provincias de habla aimara desde la salida de Juliaca hacia Conima, como Huancané, San Antonio de Putina y Moho.

La provincia de Huancané es una de las más anti­guas; es importante no sólo por las bellezas de su paisaje —aquí se ubica la Reserva Nacional del Titi­caca—, sino también por su situación limítrofe con Bolivia.

Sus habitantes son notables por su especial disposición para la música, siendo famosos sus conjuntos de zampoñas.

La ciudad de Huancané, capital provincial, tiene hermosas casonas coloniales con techos de tejas rojas, anchos muros, grandes portones y ventanas sobresalientes.

Es famosa también la iglesia de San­tiago Apóstol, cuyo altar mayor es de madera ínte­gramente bañada en oro, donde se conservan numerosos cuadros de santos e imágenes religiosas con marcada influencia de la escuela cuzqueña.

Desde Huancané una carretera asfaltada conduce al distrito de Vilquechico, donde se encuentra un cementerio de ehuilpas en la zona conocida como Keñalata. Allí existen tumbas de forma cónica y cuadrada hechas de piedra y barro. Se encuentran también algunos vestigios de antiguas poblaciones indígenas.

Hay igualmente restos arqueológicos en lugares como Tambolakaya (piedras talladas y esculpidas), la plaza de armas del distrito de Pusi (restos de un antiguo intihuatana) y Queñani (chullpas).

La carretera Puno-Juliaca-Taraco se encuentra asfal­tada. En la plaza de Taraco existen siete monolitos de piedra, destacando un monumento conmemora­tivo que no tiene parecido con los demás. Los monolitos están decorados con elementos semejan­tes a los encontrados en las culturas Paracas, Nazca, Pucará y Tiahuanaco.

En las pampas de Taraco lo primero que salta a la vista son las peculiares viviendas de los campesi­nos, denominadas localmente putucos: son construcciones tradicionales hechas a base de pequeños bloques de barro sobrepuestos de forma rectangu­lar conocidos como champas, siguiendo una línea diagonal hasta terminar en la parte central más alta, uniendo los cuatro vértices, sustentados por las raí­ces entrecruzadas (entre el barro) del pasto.

La provincia de Moho se ubica al pie de un cerro, en una quebrada muy cerca del lago, al abrigo de los fuertes vientos, lo que le brinda un clima suave. Moho es conocida como «el jardín del altiplano» porque justamente gracias a su clima benigno diversas flores prosperan durante todo el año.

A Moho se puede llegar por la rutas Puno-Juliaca­Taraco (asfaltada) y Taraco-Huancané-Moho (afir­mada), o bien por vía lacustre, en cuyo caso se tarda unas 6 horas.

En la plaza principal de Moho se encuentra un templo colonial de piedra labrada de una sola torre, cuyo altar mayor es de estilo colonial con tallado en madera bañado en pan de oro.

A 1 km de la ciudad, en un lugar llamado Mucura­ya, hay un manantial de aguas termomedicinales, llamado «agúita de Supuyuyo», en torno al cual giran numerosos mitos y leyendas locales.

A 8 km se encuentran las playas de Keyahuasi, que presentan cinco pequeñas penínsulas, y la comuni­dad de Umuchi, conocida por su belleza natural como «el Valle Sagrado del Altiplano».

Aquí, a 3 840 msnm, crece una gran cantidad de eucalip­tos, cipreses, kollis y otros árboles propios de la región, que sirven de hábitat natural para una numerosa fauna.

A 9 km de la ciudad de Moho está el Museo Lito­gráfico de don Manuel Yanarico, que cuenta con una carretera de acceso directo, aunque también es factible llegar navegando por las riberas del lago.

Al noreste del poblado de San Pedro de Moho está la fortaleza de Quequeranni, que comprende dos secciones: Siluya, sobre una loma, con dos gigan­tescas murallas que rodean y protegen la ciudadela y Pariani, en las alturas del cerro del mismo nom­bre, donde las torres funerarias son abundantes y de diversas formas.

Una trocha carrozable conduce desde Moho hasta Conima, casi en la frontera con Bolivia, notable por su suave clima y por sus laboriosas comunidades campesinas, como las de isla de Soto y la isleta de los Ladrones, dedicadas a la artesanía.

Son impor­tantes además los monolitos de Huata, de estilo tiahuanaquense, 5 km hacia el sur de Conima.

La provincia de San Antonio de Putina tiene tam­bién sus atractivos turísticos.

En la carretera Julia­ca-Taraco (hacia Sandia) se ubica el histórico pue­blo de Putina, capital de la provincia, famosa por sus aguas termomedicinales, con propiedades cura­tivas de las enfermedades reumáticas.

Estos baños termales se han equipado con una piscina de con­creto de 8 x 4,30 m, y tienen además cinco com­partimientos con seis pozas cada uno.

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