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Corredor Los Aimaras

Desde la salida de Puno hasta la frontera sur se hallan los pueblos cuya lengua predominante es el aimara. Se puede empezar por el complejo arqueo­lógico de Cutimbo, a casi 15 km de la ciudad de Puno, en el lado oeste de la carretera Puno-Moque­gua.

La arquitectura es sorprendente, así como el manifiesto dominio de los materiales de construc­ción y de técnicas propias, con influencias tiahua­naquenses. Asimismo, a corta distancia se encuen­tran las pinturas rupestres de Malíco Amaya, graba­das en bajorrelieve.

Chucuito, capital del distrito del mismo nombre, a 18 km al sureste desde Puno (en la carretera hacia Desaguadero), se llama también la «ciudad de las Cajas Reales», pues fue sede de las mismas durante el virreinato.

En Chucuito, población construida originalmente de piedra, hay muchas calles en rui­nas, con restos de arcos y dinteles que lucen mono­gramas e inscripciones antiguos.

En el centro de la plaza principal está el famoso reloj solar de Chucuito, de «piedra de Huamanga», que ostenta en su parte superior y central una aguja que marca las horas según el avance del sol en el firmamento.

Al costado de la plaza menor de Chucuito se encuentran las ruinas del centro arqueológico de Inca Uyo o Inca Ullo, cuyo significado en idioma aimara es «miembro viril del Inca».

Se supone que pudo haber sido un centro ceremonial donde se realizaban rituales de fertilidad; o que también pudo ser, por su estratégica ubicación, un centro astrológico/astronómico.

Su entrada está custodia­da por dos pequeños falos de piedra y en el interior pueden aprecíarse cerca de noventa falos, algunos de ellos mutilados. Es creencia popular que una mujer que no puede tener hijos se «curará» sentán­dose sobre una de tales esculturas.

Son notables asimismo el templo de Santo Domin­go, probablemente el primero de la población, cuya construcción se inició en 1581 y cuyos atrios late­rales funcionan como cementerios, y el templo de La Asunción, construido entre 1555 y 1557 en esti­lo renacentista, que aún conserva muchos de sus elementos originales, como su altar de plata. Ambos están guarnecidos de arcos de adobe.

La Universidad Nacional del Altiplano administra un criadero de truchas en las afueras del poblado, que es al mismo tiempo centro de investigación y de esparcimiento.

Esta piscigranja abastece de ale-vinos (crías de truchas) a todas las demás pisci­granjas pequeñas y «jaulas flotantes» de la región.

El distrito de Acora también tiene su capital en la ruta Puno-Desaguadero, a 33 km de Puno, donde pueden admirarse el templo de San Pedro, el único del altiplano de estilo mudéjar, y el templo de San Juan, de estilo renacentista, destacando la longitud de su única nave.

Siguiendo por la ruta hacia Desaguadero, a 5 km de Acora, se llega al grupo arqueológico de Mollo­ko, al lado derecho de la carretera.

Está conforma­do por 4 chuflpas cuadradas y tres circulares, algu­nas de ellas semidestruidas.

En la zona colindante con el lago Titicaca está la playa de Charcas, a la cual se llega por una carrete­ra afirmada.

Es una playa de arena blanca y muy fina, protegida de los vientos por formaciones roco­sas, muy visitada por excursionistas y pobladores en general.

Continuando el avance hacia Desaguadero encon­tramos llave (a 56 km de Puno) ciudad muy comercial, capital del distrito del mismo nombre y de la provincia de El Collao.

En ella pueden visitarse el templo de San Miguel (siglo xvii), de estilo renacentista, con su altar mayor tallado en madera y acabado en pan de oro, y el de Santa Bárbara (siglo xvui), construido en piedra, de esti­lo mestizo.

Saliendo de llave hacia Juli pueden apreciarse numerosas formaciones geológicas en forma de ani­males, entre las que destacan la conocida como

«Caballo Cansado».

En Juli, capital de la provincia de Chucuito, encontraremos suntuosas iglesias, que le han valido el sobrenombre de «La pequeúa Roma de América» o la «Roma aimara»; en Juli fue donde se instaló la primera imprenta del Perú.

Las principales iglesias de Juli son cuatro.

La más conocida es quizá la de San Pedro, de estilo barroco nativo, concluida en 1576. Su fachada es sencilla, con una portada clásica del siglo xvii de piedra y ladrillo, su planta tiene forma de cruz latina y es de una sola nave. Posee numerosas pequeñas capillas laterales y alberga pinturas de gran calidad.

La iglesia de San Juan de Letrán tiene muros de adobe y una apariencia exterior modesta. Sin embargo, su nave interior es de grandes propor­ciones, en forma de cruz, y la portada de la sacris­tía sorprende por ser una joya tallada en piedra oscura. Impresionan las obras de arte que contie­ne y el retablo mayor íntegramente tallado en madera y dorado en pan de oro. Se cuenta que, durante su construcción, los obreros trabajaban por un puñado de coca y tres higos secos como todo jornal.

La iglesia de Santa Cruz, notable por su fachada de tres cuerpos coronada por el monograma de la Compañía de Jesús, así como por sus columnatas de estilo corintio, se encuentra derruida y abando­nada, al igual que la iglesia de la Asunción, en la que aún se conserva intacta la ancha escalinata que conduce a su interior.

En Pomata, en el km 105 de la carretera, se encuentra la iglesia de Santiago Apóstol, considera­da como la más pura expresión de la arquitectura mestiza hispano-aimara.

Es de piedra rojiza con verjas de hierro y su única torre, de esquina lisa y perfiles prismáticos, recuerda a las del Cuzco. Construida en 1756, en su interior existen cata­cumbas que albergan los restos de los obispos y arzobispos del altiplano, y se dice además que pue­den existir caminos subterráneos hasta el Cuzco, al Coricancha o a Machu Picchu.

El siguiente pueblo en la ruta hacia Desaguadero es Zepita, en medio de una desoladora pampa frente al lago Titicaca y rodeado de cerros con una tonali­dad predominantemente rojiza. Aquí destaca el templo de San Pedro de Zepita, señalado como la obra maestra de la arquitectura colonial en el departamento.

Está edificado en piedra, con escali­natas labradas y pórticos tallados en los que se observa el predominio del estilo barroco. Sus columnas están decoradas en forma de eslabones de cadena entre los que se aprecian máscaras.

Muy cerca, en el distrito de Huacullaní, se halla el complejo arqueológico de Tanka Tanka («levanta­miento mediante cuñas») o Callacame, que abarca unas 20 ha en las cuales hay restos de viviendas, torres funerarias, fortificaciones, calles, callejones y grandes murallas; asimismo existen algunas chullpas cuadradas y circulares de unos 5 m de altura.

La ruta llega al fin a Desaguadero, donde se encuentra el puente internacional y de división fronteriza entre Perú y Bolivia. Aquí tiene lugar, todos los martes y viernes, una feria internacional de comerciantes.

A Yunguyo, capital de la provincia del mismo nom­bre, a la que se llega por un desvío de la carretera una vez que se ha pasado Pomata; tiene una her­mosa iglesia colonial, dos plazas y un paisaje natu­ral que ofrece al viajero innumerables sorpresas, como por ejemplo el volcán apagado de Rapia, en cuyo cráter hay una laguna, que es protagonista de muchas tradiciones y leyendas.

Yunguyo tiene también restos arqueológicos, como los sitios de Piedras Cansadas, diseminadas cerca de la porción del lago conocida como Wiñaymarca, o el monolito de Copani, a la salida de la pobla­ción, con figuras de aspecto feroz semejando cule­bras ensortijadas.

Al salir de Yunguyo se pasa por Kasani (límite internacional) donde existe una pequeña capilla cuyos arcos dan sobre el camino, uno hacia el lado peruano y otro hacia el lado boliviano, desde donde se han de hacer 13 km para llegar al pueblo santuario de Copacabana (Bolivia)

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